David Uribe no es constructor de motos, pero tiene todo lo que se necesita para animarse a modificar una moto y lograr una obra de arte: Pasión y dedicación.

Es por eso que lo hemos invitado a que nos cuente cómo fue le proceso de transformación de la Royal Enfield Classic 500 en una flamante chopper llamada La Tortuga Macabra.

Artículo por: David Uribe

Una vez tuvimos un TV a color, lo compraron mis hermanos para el mundial de fútbol del 94, nos lo robaron junto con todas nuestras pertenencias, pero esa, es una historia que si quieren les contaré después; porque esta, damas y caballeros es la Historia de… La Tortuga Macabra.

Como pasa en este mundo de los fierros, una moto está ligada a otras motos, a otra gente, a otras vidas, así que para contarles esta historia debo llevarlos más atrás.

Donde inicia la pasión por las motos

De niño en ese TV que les conté, pasaron una película de los 60´s, de esas donde salen choppers vieja guardia y peleones greñudos borrachos envueltos en cuero y cadenas, por algún motivo, esa imagen me cautivó para siempre y el sueño de esas motos se convirtió en una obsesión que me llevó hace muchos años ya, antes de encontrar mi profesión, a trabajar como ayudante de mecánica en el sector de motos en Medellín, La Bayadera, en el taller de un viejo loco, Don Berna: pelo largo, overol de jean y camisa recortada, a su taller llegaban, XT500, XS650, Goldwing1000, CB750 y de vez en cuando alguna Harley vieja, siempre motos clásicas, por fin estaba en mi salsa.

Allí trabajé por casi nada para estar cerca y un día… un día, poderme armar mi chopper. Tuve varias motos viejas que compraba en cajas, a las que amaba mucho y rodaba poco, porque trabajaba mucho, pero ganaba poco, y todos saben que una moto vieja gasta mucho y anda poco, pero ya estaba por fin armando motos, siempre con sueños míos y herramienta de otros: de Juan Fernando Ortega (Juan loco), Manolo, y sobre todo del mismísimo Fernando Paniagua en Negative Bikes (un maestro).

Ellos me tendieron la mano con generosidad, me prestaron herramienta, me empujaron y me regalaron su tiempo y conocimiento, Yo soñaba una chopper vieja guardia, una Harley Davidson knucklehead o shovelhead, vieja, carburada, de arranque a patada, briosa como un caballo sin domar, para hacerla toda, desde adentro del motor, a la final por lo siguiente, no fue así.

Tomando un descanso de las motos viejas

Con “La Cosa”, una XT 250 de 1980 que personalicé, hice un último viaje de 500Km en el que me demoré 3 días, y decidí venderla, quedarme sin moto y no tener más motos viejas por el momento, ahora no tenía tiempo para atender una moto en la que no pudiera rodar,  así que un tiempo después  compré mi primera moto nueva, una Royal Enfield Classic 500, estudie mucho la moto, el motor, todo hierro, temblorosa, encendido a patada, con carácter, una moto vieja hecha hoy, me enamoré sobre todo de las líneas, ese trazo del chasis que baja desde la dirección hasta la silla le daba la horma perfecta para una chopper. 

Todo se confabuló y pude tener una casa con espacio y mi propia herramienta, este sueño, esta “primera moto”, pues siento que las anteriores solo fueron una preparación para esta,  es mi Tortuga Macabra, a la que le aplique además, un trabajo que aprendí en otra época de mi vida cuando trabajé en una fundición de obras de arte donde aprendí un poquito a tratar el metal, así que tallé muchas partes de la moto: las tapas del motor, el rin trasero, los mandos y la suspensión delantera.

La fabricación de la Tortuga Macabra

Ahora  quiero sin ánimo de pretender y con mucho ánimo de inspirar, compartir el proceso y el resultado de muchos meses, casi un año de trabajo en el que dedique en la moto todo mi  tiempo libre, tiene muchos detalles por mejorar, es una moto para viajar, no una moto de show, no soy ni mecánico ni constructor de motos,  tiene muchas más cosas funcionales de lo que una chopper en todo el sentido de la palabra debería tener, pero está hecha con todo el amor y para mis necesidades, aún no la termino, quien sabe si algún día lo haga, y más adelante…

Quién sabe, como en toda mi vida, el amor lo dirá.

Ahora quiero contarles que trabajo tiene:

Frente de la moto

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Corté el chasis y cambié el ángulo de la dirección, alargué las barras de la suspensión a las que le corté la parte inferior que soporta el guardabarros original y tallé el metal, alargadas las barras quedaban inestables entonces hice un triple tree, que a la vez es la base del guardabarros delantero, ese guardabarros es el original pero está cortado, modifiqué el sistema eléctrico para omitir el comando derecho del manillar, el manillar lo corté en el centro para que quedara del ancho exacto del frente y lo desplacé de su posición original, para que vista la moto de perfil, conservara la misma línea desde los puños hasta la rueda delantera, corté el frente original de la royal que tiene una farola grande y los relojes integrados, para que quedara más limpio el frente, y coloqué el velocímetro en el chasis,

Tanque de gasolina

Corté el tanque original para que fuera más angosto, pero ya no me cabía la bomba de inyección, así que la hice un tanque suplementario que coloqué debajo del asiento del piloto aprovechando el espacio que tenía por haber alargado la tijera de la suspensión trasera.

Parte trasera y suspensiones

Al ser más larga tuve que reforzar los resortes de los amortiguadores,  quería una moto con suspensión y lo único que me gustaba que se adecuara a una chopper era un crazyfrank, que es esa cola típica de los 70s en los que el stop está sobre la placa, pero yo quería agregarle un espaldar, un sissybar muy alto para amarrar las cosas de acampar, los mangos y naranjas que uno encuentra rodando por este paraíso.

Así que modifiqué el crazyfrank para crear una cola a mi gusto y ahí se generaron unas curvas que, si observan detalladamente, se reflejan en toda la moto, todas esas curvas, son hierro y soldadura pura. La moto no tiene casi cromo ni el aluminio está brillado, porque quise construir una moto que soportara el uso y el abuso.

Sistema de escape y desempeño

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Cambié la salida del exosto y modifiqué el interior con una idea de una reconocida marca gringa de exhostos, lo que sumado al cambio del computador de inyección por uno que la sobrealimenta, le dio un rendimiento más macabro a la pobre tortuga, las tapas laterales me encantaban, le dan ese estilo típico de las motos inglesas de postguerra, pero para una chopper, eran demasiado anchas. Las corte y las cerré, ahora el problema, era que todo cupiera dentro, fue una de las cosas más difíciles porque justo en el centro está la bomba de  inyección y tenía que encontrarle espacio al filtro de aire de alto flujo, y  las partes eléctricas del puño derecho que ahora estarían ahí, a la final se logró.

Acabados de la moto

La hice pintar con laminilla de oro bajo el tanque y una pintura negra con visos morados e hice tapizar la silla con charol.

Me siento agradecido de poder contarles la historia de un sueño que se hizo realidad, tuve la fortuna de ser invitado en el CBS de 2019 para presentarla, cosa que jamás pensé que sucediera.  Como les decía al principio, una moto nunca la hace una sola persona, así que gracias a Fernando Paniagua, ayuda emocional y consejos de maestro choppero, Cristóbal Barrios, torno, Duván Figueroa pintura, mi parcero que trasnocho duro ayudándome a armarla, Juan Camilo Contreras, José Prieto mi vecino pirata y filibustero, Adrián Sanz puesta a punto, Vane, que siempre está y a Camilo Ramírez y el Custom Built Show, por darme la oportunidad de mostrar mi trabajo.

Esa damas y Caballeros es la historia de La Tortuga Macabra.

Sueñen.